lunes, 22 de octubre de 2018

Mi rayito de sol


Saúl es lo máximo. Es mi hijo mayor y tiene más que merecido un escrito en este blog. Cuando yo estaba embarazada, le pedía a Dios tener un bebé sanito, sin importarme si era hembra o varón. Pero, en el fondo yo quería varón y Dios me premió con un niño bello, sano y muy inteligente. Es perfecto (todo el tiempo recalco que mis hijos son perfectos, supongo que es cuestión del genuino amor de madre). Siempre le recuerdo que yo soñé con él antes de que naciera, así igualito a como fue de bebé. Por eso le aseguro que es mi sueño hecho realidad.

Aunque a veces no me haga caso y me haga perder la paciencia, no hay un día que no le diga que lo quiero. “Ojalá todos los niños fueran como Saúl”, me dijo una vez una de sus maestras en preescolar. Con esas palabras resumo lo buen alumno que ha sido desde que comenzó la escuela, en 2011.

Como hermano mayor, también el mejor: Adoró a Estefanía desde el primer día. Para él, ella fue la niña más bonita y estaba feliz de tenerla. “Ella es mi hermanita” es la frase que ha expresado con más orgullo y amor. Jugaban, la cuidaba, le enseñaba palabras nuevas y ejercicios de crossfit que la beba imitaba y él se inflaba de emoción. Saúl era mi ayudante cuando yo quería unos minutos de descanso o no podía atender a Estefa. Y él fue el primero que me recordó que ella sigue viva, ahora en el mundo espiritual.

Saúl es mi motor, eso no lo olvidaré nunca. Y Estefa también, porque ella estará bien si nosotros estamos bien. Gracias a Dios, Saúl resultó ser más fuerte de lo que pensamos y nos ha dado ánimo a mami y papi cuando ya no podemos más con el dolor de no tener a nuestra reina. Saúl es como esos rayos de sol que se asoman después de la peor tormenta. Quisiera poder enseñarle que, a pesar de que la vida nos ponga de cabeza y sintamos que ya no podemos avanzar, siempre habrá un pedacito de cielo en un área de desastre y no hay que rendirse. Yo todavía estoy en ese proceso y espero que él me pueda ver renacer.

Te amo, príncipe de mi vida, regalo de mi corazón, mi súper héroe.

Y termino con el inicio del tema de un programa de televisión que yo le cantaba a Saúl para dormirlo:

“Vos sos lo más importante para mí
Y sé que yo soy lo mismo para vos.
Estamos viviendo juntos un mundo de paz y amor
Y siento al mirarte que sos mi rayito de sol”

2009

2018



Mi corazón



miércoles, 3 de octubre de 2018

Inolvidable

Uno de mis recuerdos más remotos es la muerte de mi abuela paterna. Enero de 1985, yo tenía cinco años. Lloré mucho, muchísimo, sobre todo por ver a mi papá llorar como un niño. En el velorio me cargaron para verla en la urna y mi mamá me dijo “está dormida”. Y así parecía, que estaba dormida. También recuerdo que cuando yo estaba en cuarto grado, con ocho años, conversando con mis amiguitas sobre familiares muertos, yo les hablé de mi abuela y volví a llorar ahí en el salón de la escuela.

Hoy, después de la tragedia de mi vida, la partida de mi Estefa, me doy cuenta de que la muerte, de algún u otro modo, siempre la he tenido “cerca”. Desde el deceso de mi abuela hasta la inquietud constante por saber a dónde se van los que ya no están, sueños frecuentes con familiares fallecidos, miedo a los fantasmas y cuentos de espantos y el hecho de ser periodista, que me hizo sentir el dolor de desgracias ajenas como propias, fue como si la vida me estuviera preparando para sufrir en carne propia la peor de las muertes: la de mi niña.

Lo cierto es que no hay preparación que valga. Tratar de explicar lo que siento es imposible. Estoy aprendiendo a vivir otra vez. Cada día es un reto; cada noche, un reto mayor. Yo sé que la vida continúa… para los demás. Ahorita la mía está en pausa.

La gente va al trabajo, celebra cumpleaños, va a reuniones, los niños van a clases, los minutos pasan… Pero yo estoy aquí, recordando a mi beba, cada segundo. Respiro, existo, hablo, sonrío, lloro; pero, me falta ella. En cada cosa que hago, por muy simple que parezca, la tengo en mi mente. Me la imagino siempre acompañándome en cada paso que doy. Mi mano sigue sosteniendo su manito cuando camino, mis oídos siguen escuchando su voz y sus gritos, la sigo teniendo a mi lado cuando me acuesto en la cama, ella sigue dejando su firma en todas las paredes con cuanto color consiga, seguimos escuchando música y viendo televisión juntas, sigue jugando con su hermanito y su papi… ella sigue aquí, esta casa es ella y en toda esta ciudad está ella. Porque ella ya reconocía las calles y los lugares a donde íbamos. Y ella también sabía el lugar que ocupaba en nuestras vidas y en la vida de quienes la conocieron.

Ahora más que nunca creo en la vida espiritual. Mi beba es un ángel y está conmigo. No le gusta verme triste, pero obviamente es inevitable. Me ha hablado dos veces en sueños, que han sido tan reales que me provoca dormir y dormir para verla, abrazarla, besarla y no soltarla. Una consecuencia de todo es que ya no le tengo miedo a la muerte, porque cuando llegue mi hora tendré a alguien a quien buscar, alguien que me va a estar esperando.

Vendrán días tranquilos y días difíciles y así me tendré que acostumbrar a esta montaña rusa de sentimientos para siempre. Yo sé que la vida continúa, yo sé que tengo otro hijo. Yo sé todo eso, yo sé que tengo que hacer algo por mí y lo voy a hacer. Paciencia. Esto no es fácil. Y qué casualidad mi tatuaje, pienso ahora, es un ave fénix, símbolo de ese renacer de mis propias cenizas que en algún momento será.

“Piensa en la esperanza de la resurrección” fue una de las tantas frases que me dijeron con la mejor intención de aliviar mi dolor. “Ella vive en el mundo espiritual y está con nosotros”, así me trató de animar mi hijo un día. Ojalá y quiero creer que sí, que nos volveremos a ver y abrazar y ser felices, en un mundo mejor, ese mundo espiritual, donde mi reina me espera feliz y bella. “Vos sois inolvidable, inolvidable” le dije en un sueño. Y así es, mi Estefa es inolvidable y fui la más afortunada por tenerla. Te quiero mi beba hermosa.

PD: Aunque Estefa tenía su propia lista de canciones favoritas, descubiertas y escogidas por ella misma, voy a dejar por aquí tres canciones de las mías que ella reconocía y le gustaban, las cantaba y bailaba. No son infantiles, ni de amor de madre a hija, pero siempre serán nuestras canciones y ahora es imposible escucharlas sin llorar:

Bungle in the jungle, Jethro Tull: https://youtu.be/0frSN92mTGo

When the wild wind blows, Iron Maiden: https://youtu.be/eHg9PJc1Nds

Call me, Blondie: https://youtu.be/StKVS0eI85I




Con mis lentes, bella 



Siempre encima de su papi




2017



2011

Wish you were here...

 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...