Los primeros días de julio de 2018 fueron tus últimos días.
Desde entonces, los primeros días de julio de cada año activan ese susto en el estómago que uno quiere que pase pero ahí se queda hasta que explotan las tripas.
En este blog me he esforzado durante siete años en explicar con palabras esa sensación horrible que no le deseo a nadie. Creo que todavía me quedo corta con mis escritos.
No se trata de revivir lo feo; sino de sacarlo de mi interior para demostrarme que he podido seguir adelante con un corazón remendado con los recuerdos bonitos que acumulé antes de aquel fatídico 3 de julio de 2018.
Comparo mi corazón con un envase de vidrio o cristal que se quebró en mil partes. En siete años lo he ido reparando, uniendo cada astilla y fragmento con el pegamento de la fuerza de voluntad y el adhesivo del buen humor ante lo difícil. Aunque a veces algún pedazo se suelte y me clave en el pecho sus bordes y esquirlas afiladas como un puñal, me armo de valor y me convenzo de que mi beba no me quiere ver rota sino entera.
Para estar bien yo decidí estar bien: por mí, por ella y por los míos. ¿Ha sido fácil? No, no es fácil; pero, ciertamente, tampoco imposible.
Te quiero hasta el infinito Estefa de mi alma. La magia del amor de una madre por sus hijos no tiene fecha de vencimiento, no tiene principio ni fin. Es un amor intrínseco que no se borra ni en la vida ni en la muerte. Yo decidí aferrarme a ese amor eterno y vivir lo mejor que pueda hasta que estemos juntas otra vez y seamos nuevamente inseparables.
Los primeros días de julio pasan y dejan una estela de melancolía, dolor y amargura... pero pasan. En cambio, tu sonrisa, tu hermosura, tu ternura y tu chispa se quedan para siempre, Estefanía Alexandra 💜
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| Estefa y Saúl ❤️ |

