domingo, 17 de marzo de 2019

La vida continúa


Antes, mucho antes de que mi vida fuera casi arrasada por un tsunami en 2018, yo pensaba que si llegaba a emigrar tendría muchas historias y anécdotas que contar en este blog. Quería llenarlo de fotos para mostrar, como buena venezolana, el lugar que se convertiría en mi nuevo hogar después de dejar atrás un país lleno de escasez y desesperanza. En efecto, salí de Venezuela. Empecé el 2019 en tierras aztecas, pero sin ese entusiasmo original. Llegué incompleta. No es fácil cumplir un sueño sin mi reina. Aunque mi beba siempre está conmigo, mi corazón triturado por tanta tristeza se descompone más cuando pienso cómo hubiera sido esta aventura con mi pequeña.

Hoy voy a expresar por aquí qué se siente emigrar en medio de un éxodo que escapa de una crisis económica y social. Parece un tema trillado, especialmente porque ya la diáspora venezolana tiene varios años y sobran los testimonios de emigrantes. Sin embargo, mi caso tiene esas "añadiduras" que aminoran la escasez de alimentos o medicinas que ha hecho escapar a miles de compatriotas. Pasear por lugares tan bonitos, ver familias disfrutar en parques y plazas, son referencia obligada para que mi mente me traiga de vuelta a mi beba.

La veo en cada niña. Las lágrimas a veces me brotan como un chorro sin fin: un gesto, una canción, un programa de televisión, una comida... todo me la recuerda y mi corazón explota en llanto. Es inevitable. Siempre me descubro pensando qué opinaría mi Estefa sobre tantas cosas nuevas que hemos conocido aquí. Porque con sus dos años y siete meses, mi niña ya se hacía entender clarito. Qué le gustaría comer, dónde le gustaría jugar, qué película vería en el cine por primera vez, si le molestaría el clima frío o si se hubiera quedado tranquilita en el avión.

Y ni hablar cuando me hacen la pregunta clave: ¿Tienes hijos, cuántos? Ahí es donde busco en lo más profundo de mi alma esa fuerza que todavía me queda para responder: Tengo dos, mi hijo Saúl que tiene nueve años, y mi beba, que es un angelito. A muchos les da pena mi respuesta y parece que se arrepienten de haber preguntado; pero, yo les hago ver que está bien, no hay ningún problema, aunque internamente hago un esfuerzo para no quebrarme. Esfuerzo que me ha "dejado mal" un par de veces y solo me queda respirar profundo y seguir adelante.

Gracias a Dios, México ha sido muy amable. De ahora en adelante voy a tener muchas más personas a quienes agradecerles el resto de mi vida, porque en poco más de dos meses son muchos los que me han ayudado a empezar otra vez. En estos días me dijeron una frase muy bonita, me partió el alma, pero es muy cierta: "Tú hiciste que el cielo estuviera más hermoso porque le diste un ángel". Y es verdad. Aunque me duele y nunca me dejará de doler, ahora lo veo así también, mi Estefanía le da más vida al azul del cielo y en las noches les da más brillo a las estrellas. Y me sigue acompañando siempre y me espera.

Así han sido hasta ahora mis días de emigrante. Agradezco tener más alimentos y medicinas a mi alcance, agradezco tener a gran parte de mi familia conmigo, agradezco poder darle más oportunidades a mi hijo para sus estudios y su vida y agradezco poder tener la oportunidad de trabajar otra vez. Vivo con mi pequeña siempre en mi corazón, con la meta de alcanzar paz y tranquilidad. La vida es corta, el tiempo vuela y nuestra mente se empeña en complicarnos. No es una tarea sencilla, pero sí se puede vivir sin tantas mortificaciones. Se los digo yo, que después de tanto desastre todavía sonrío. Que vengan tiempos mejores para todos y tratemos de alcanzar un poquito de felicidad, un día a la vez.




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Wish you were here...

 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...