domingo, 22 de marzo de 2020

¿Tengo miedo?

Coronavirus. El enemigo microscópico. Si salió o no de un laboratorio macabro es lo de menos. Lo importante es que el virus ya está entre nosotros.

Aquí todavía no hay cuarentena (México). Pero se nota la incertidumbre en las miradas, en los saludos que se han ido convirtiendo en disculpas por no dar un beso o por no estrechar una mano. Escuchar un estornudo o tos prende las alarmas silenciosas. Todos queremos estar encerrados. En la calle, no queremos tocar nada ni que nadie nos toque. No queremos respirar el mismo aire que todos respiran.

Recuerdo brotes de cólera, casos de dengue, las tristemente célebres zika y chikungunya y la epidemia que sí me movió el piso: la gripe AH1N1. De esta última, recuerdo que fue en la época que me estrené como mamá. A los tres meses de nacer Saúl tuve que volver a trabajar. En esa época sentí mucho miedo y me volví, desde entonces, maniática con el lavado de manos.

Con este Coronavirus (el "rey" inicuo de los virus, hasta ahora) ha sido inevitable recordar al sorpresivo, desconocido, despreciable y fatídico virus que se llevó a mi beba, hace año y medio. Fue algo tan rápido, fulminante y devastador que, gracias a Dios, no contagió a nadie más. Pero me la quitó. Un virus repentino que invadió sus pulmoncitos en dos días y mi niña grandota y fuerte no pudo luchar más. Recordar esa tragedia que dividió mi vida en un antes y un después, me ha hecho cuestionarme ahorita: ¿Tengo miedo?

Sinceramente, da miedo ver cómo se multiplican tan rápido los casos de Coronavirus en el mundo. Da miedo encerrarnos y quedarnos sin alimentos. Da miedo salir a trabajar y tener la mala fortuna de contagiarse. Pero, lo que más me da miedo es que Saúl, mi hijo, o cualquier familiar o amigo se contagie. Si yo me contagio, me da miedo contagiarlos a ellos o a cualquier otro. Me da miedo que haya casos asintomáticos. Eso es lo que me da miedo. Morirme no me da miedo, porque del otro lado está mi Estefa. Pero sí me da miedo pensar en no estar con Saúl.  Es lo único que de verdad me da miedo, aunque sé que no va a estar solo.

El mundo está parejo. La preocupación es global. No nos queda más que lavarnos las manos y encomendarnos a Dios. Hace año y medio estoy consciente de que la vida se apaga en un segundo; pero, uno nunca quiere irse así de pronto. Este momento crucial en la historia de la humanidad es bueno para reflexionar: ¿He vivido como he querido? ¿He hecho las cosas bien? ¿He disfrutado? ¿He sido buena persona?

Las respuestas no son fáciles, seguramente. Yo he tratado, y sigo todavía y espero seguir tratando de vivir mejor y ser mejor cada día. He conseguido cierto equilibrio. Esperemos que esto acabe pronto. Que Dios nos proteja.

🌻


💙

❤️


💜








Wish you were here...

 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...