miércoles, 28 de noviembre de 2018

Lección de vida (escrito mucho antes del fatídico 3-7-18)

Siempre he sido flaca, aunque como bien. Sin embargo, cuando tenía 19 años, mi apetito empezó a aumentar de repente. Me alegraba la idea de ganar peso, pero la vida tenía preparado otro plan para mí: Hipertiroidismo. No fue fácil, pero gracias a Dios y a mi disciplina logré superar esa dura prueba.

Lo atípico de mi diagnóstico comenzó en la sala de espera del consultorio médico. Señoras mayores de 40 años se asombraban de que una jovencita de 19 (que aparentaba 15 o menos) sufriera la misma enfermedad que ellas. Por razones económicas, mis padres no pudieron pagar el tratamiento definitivo de una vez. Así que duré un año tomando pastillas hasta que mi familia pudo pagar el yodo terapéutico para curarme. A diario, yo debía tomarme hasta trece pastillas al mismo tiempo, a media mañana. Mis compañeros en la universidad creían que me iba a morir. Yo les explicaba en qué consistía el hipertiroidismo y se relajaban.

Mientras tanto, mis síntomas variaban. Tenía épocas de mucha taquicardia, fatiga, insomnio, sudoración, cansancio, altas temperaturas, apetito exagerado y mucha pérdida de peso. De ese extremo pasaba al lado opuesto: mucho sueño, falta de apetito, aumento de peso (algunos kilos)…

También tenía que lidiar con comentarios nada esperanzadores sobre mi enfermedad. “No vas a poder quedar embarazada” era el que más repetían. Aunque yo no quería ser madre a esa edad, eso me asustaba mucho. Pero mi doctora me aseguraba que yo tendría una vida normal. Y así fue.

En noviembre de 2000, en el momento más crítico, cuando ni siquiera podía caminar sin apoyo, y poco más de un año después del diagnóstico, me administraron el yodo terapéutico. Un mes después, el cambio era evidente: Me sentía súper bien.

Desde entonces, tomo una pastilla de por vida para regular el metabolismo. Soy madre de dos hermosos niños y llevo una vida normal. Aunque en estos tiempos cuesta conseguir el medicamento (Euthyrox), no he vuelto a estar en crisis otra vez. Ser constante con el tratamiento y las recomendaciones médicas fue fundamental para salir adelante. Por eso es que la gente dice “el que persevera vence”, y yo vencí.

PD: Escrito originalmente en inglés para una asignación del nivel 18 del Cevaz.

Y gracias a mi doctora, Águeda Pacheco, por ser la mejor. 





Noviembre de 2000,
antes de salir a Maracaibo
para tomar el yodo.
Pesaba alrededor de 40 kilos
(mido 1.69).

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Slash en Caracas, la segunda parte (escrito mucho antes del fatídico 3-7-18)

Resulta que Slash anunció un nuevo concierto en Caracas. El 21 de noviembre de 2012 fue el día escogido. Un año y piquito después de su primera presentación, sin GN’R, en el país. Obviamente, y como buena fanática número uno, yo quería ir. Pero no había muchas posibilidades. Caía atravesado entre semana, yo tenía trabajo y no nos sobraba así mucho dinero como para darme ese gustazo otra vez… Pero yo quería ir.

Cada vez la fecha se acercaba más y mi resignación era mayor. “Ya está Daya, no se puede. Ya lo viste, ya fuiste. YA”. Mi voz interior (bien necia ella) me regañaba cada vez que mi mente se empeñaba en manifestar las ganas de ir al nuevo concierto. El organizador del tour tampoco me daba muchas esperanzas porque muy pocos se habían anotado para el viaje.

Pero la vida sí que da sorpresas. La mañana del 20 de noviembre, mientras estaba en mi jornada laboral, revisé mi timeline en Twitter y un anuncio me llamó la atención: “Esta tarde a las 4.00 pm en punto sortearemos dos entradas para el concierto de Slash. Pendientes.” Caracoles… A esa hora más o menos llegaba yo a mi casa así que podía, por qué no, tocarle las puertas a la suerte… ¿y si ganaba?... no iba a perder nada, al contrario, podía ganar dos entradas…

Llegué poco antes de las 4.00 pm a la casa, agarré mi teléfono y estuve pendiente del concurso. En un primer tweet, explicaron que serían cuatro preguntas y el primero en responder ganaba. Sencillito. Minutos después, atención, empezaron las preguntas. Respondí la primera, la segunda, la tercera y la cuarta. Todas sin titubear. De pronto, el puntico rojo me avisaba una “mention” en la red social: “La ganadora es @dayabi”. Gané ¡GANÉ!... Me había ganado las dos entradas y mi reacción inmediata fue retuitear la notificación y escribir “Gané”. Creo que le puse una carita feliz. No grité ni nada, es más, yo sabía que iba a ganar. ¿Y ahora? El concierto era al día siguiente.

Llamé a mi esposo y creo que se emocionó más que yo. “¿Cómo hacemos?”. “Ni idea”. Lo más sensato y costoso era irme en avión. Total, las entradas me salieron gratis. El pequeño detalle era conseguir acompañante y el boleto. Descarté a unos cuantos que no podían ir. Me volví a resignar. Pero nadie me quitaba la alegría y el orgullo de haber ganado. Como a las 6.00 pm, conversando con el organizador del tour me aseguró que él podía conseguir los pasajes, solo de ida, para Caracas en avión (santos contactos, Batman) y yo le ofrecí a cambio una de mis dos súper entradas. Trato hecho. Nos fuimos, de madrugada, de primeritos en el aeropuerto. ¡Mi primera vez en avión! ¡Y para ir a un concierto de Slash!

 Pasado el susto del despegue y aterrizaje, el viaje me pareció como ir en autobús. Ahora venía otro susto: ¿y si no me daban las entradas? No. Era una empresa seria. Calma.

Almorzamos y me fui a reclamar mi premio. Me estaban esperando. Me hicieron una mini entrevista (porque todo fue patrocinado por El Nacional). Yo pensé “ah, seguro es para nombrarme en la reseña del otro día”.

Todo salió perfecto. El concierto espectacular. Esta vez sí tuve como tres cuerpos delante de mí, pero igual estaba cerquita. Inolvidable. Pero me faltaba otro sustico más:

Al día siguiente, antes de irnos al terminal de pasajeros para regresar al terruño, fuimos a comprar el periódico para ver la reseña del concierto y ahí estaba yo ¡en la portada! Con mi amigo y mis entradas, la gran ganadora y la gran fugada del trabajo. “¡ME VAN A BOTAR!” fue lo único que pude decir y no me quedó más remedio que llamar a mi jefa y confesarle dónde estaba (el concierto fue un miércoles y yo di cualquier excusa para no ir a la oficina). En serio, me dio miedito, pero mi jefa no me delató.

Al final, no me botaron y regresé feliz a echarle el cuento a todo el mundo. Tremenda travesía. Incluso algunos cómplices en la oficina me avisaron que escondieron el periódico para que los “jefes mayores” no se enteraran. Todo por Slash y mi empeño en verlo por segunda vez. Pero valió la pena y la moraleja de todo esto es que la vida siempre da volteretas, giros inesperados de los acontecimientos, así que todo llega cuando uno ni se lo espera.

Diario El Nacional,
edición del 22-11-12

21-11-12


viernes, 9 de noviembre de 2018

9 de noviembre de 2015

Hoy no te celebro tu tercer cumpleaños con torta y piñata; pero, sí celebraré, de ahora en adelante y desde lo más profundo de mi corazón y mi alma, el día que llegaste a nuestras vidas: Estefanía, dulce niña mía. Ese nueve de noviembre de 2015 nació la hembrita más esperada.

No me cansaré nunca de desbordarme en halagos porque, incluso, cuando la tenía físicamente, no había un día que no la mirara con asombro y me hiciera la misma pregunta, con una inquietante incredulidad, “¿quién lo iba a decir, quién lo iba a decir que yo iba a tener una beba tan hermosa?”, mientras ella me sonreía y me miraba, como respondiéndome “sí, mami, aquí estoy y soy real”.

Siento que mi hija fue una estrella fugaz que nos vino a iluminar para siempre y que dejó una estela de amor, ternura, inteligencia, inocencia y tremendura que nunca se va a borrar. Mi niña va a seguir cumpliendo años, porque cada nueve de noviembre será la fecha que celebraremos el día que iniciamos esa hermosa etapa, que duró poco más de dos años y medio, pero que nos marcó eternamente y que nos ha puesto a prueba (bien dura esta prueba, la peor) para seguir viviendo y nos enseñó que se puede amar mucho más allá de este plano terrenal.

Feliz cumpleaños mi angelito. Te agradezco haberme escogido como tu mami. Estoy segura de que tu luz es la más brillante. Te amo.




Mis amores 💖

PD: Hoy termino con un escrito de otra mami que también tiene un ángel en el cielo. Sus palabras me dan un poquito de consuelo. Gracias, María Mosqueda, @pasitosalcielo en Instagram.


“Dicen que cuando un bebé nos deja aquí en la Tierra el cielo gana un ángel… Y es que hoy puedo entender que existimos mujeres a las que Dios nos da una misión especial, nos bendice con el toque de un ángel y aunque nunca podría haberlo imaginado, en mi vientre se formó durante nueve meses y permaneció a mi lado tan solo por pocos meses, los meses que Dios entendía que yo necesitaba para ser un poco más fuerte y cumplir con su misión… 
Hoy entiendo que mi vientre fue privilegiado para que el mundo la conociera, no pude notarlo cuando nació, había nacido un ángel… Aún cierro los ojos y recuerdo la alegría en la habitación rodeada de familiares y amigos, todos cautivados con su belleza, mientras yo solo agradecía el milagro de tenerla en mis brazos, no imaginé que era prestada, no vi las señales, había nacido un ángel y yo tenía la misión de enseñarle lo que es el amor de madre, una madre que cuidaría sus sueños, que la abrazaría a cada segundo de su vida, que le entonaría canciones y sonreiría a su lado… 
Nunca imaginé sentir tanto amor, y cómo no sentirlo, si de mi vientre nació un ángel real, esos que imaginamos que están a nuestro lado, a los que desde pequeños oramos pidiendo su protección… Ya han pasado unos meses desde que mi ángel volvió al cielo, dicen que cumplió su propósito el día que me dejó; sin embargo, yo, su mami, sigo buscando descifrar la tarea que debo cumplir, esa misión especial que Dios deseó para mí… Y aunque aún duele, solo puedo agradecer tu vida, solo puedo agradecer haber sido elegida para ser tu mami, nadie podrá borrar jamás tu recuerdo, me enamoré de ti, un amor inquebrantable, un amor real… 
Hoy en día confío que me esperas en el cielo, que sueles volar a mí aunque yo no te pueda ver… Sé que sonríes cuando yo lo hago, aunque no te la he puesto fácil, son más las lágrimas que las risas, pero poco a poco buscaré más para ti, intentaré bailar imaginando que lo haces conmigo, seguiré buscando cada día la forma de hacerte feliz… Sé que volverás a mis brazos”.


Wish you were here...

 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...