Este año se cumplen 20 años desde que dejé de trabajar en mi primer empleo formal y al que le debo muchos de mis logros como periodista.
Aunque yo quería trabajar en Mérida (Andes venezolanos) donde hice mis pasantías, nunca recibí la llamada anhelada. Yo pasaba las tardes acostada en una hamaca en el patio de mi casa, hablando con mi mamá, y cada vez que ella me preguntaba que cuándo iba a trabajar yo la tranquilizaba diciéndole que estaba esperando que me llamaran de Mérida.
Hasta que un día la necesidad de trabajar fue más grande y una de mis hermanas mayores me dijo de un anuncio en la prensa donde solicitaban periodista. Llamé y me citaron, creo que para el mismo día a las dos de la tarde, a una entrevista.
Mi papá me acompañó y estuvo presente en la conversación con quien sería mi futuro jefe, el señor Julio Flores. Resulta que quedé contratada. Junio de 2002, mes del periodista en Venezuela, yo tenía 22 añitos, era súper ingenua y novata, y había conseguido trabajo nada más y nada menos que en el programa de radio de mayor rating, el más popular y más escuchado en siete estados, La Noticia en Órbita, que también se transmitía en el canal de televisión local Ciudad TV.
El moderador del programa era el locutor Julio Flores (quien aún sigue muy activo en sus proyectos) y mi tarea consistía en buscar noticias "en caliente" para transmitirlas durante la emisión de 12 del mediodía a 2 de la tarde, de lunes a viernes, y también colaboraba en la producción de ese espacio. Quiero destacar con mucho orgullo que aprendí a manejar el panel de control de la radio y un día yo solita saqué el programa al aire porque el operador no llegó...
La Noticia en Órbita era la voz de los vecinos y de todas las personalidades que necesitaban un espacio para expresarse, mientras que el señor Julio (siempre me referí a él así) tenía muy definida su posición con respecto a la situación política del país y muchos temas del momento. De alguna manera, yo representaba ese balance tan necesario entre chavistas y opositores, una división cada vez más acentuada entre los venezolanos. Yo era el periodismo objetivo y él daba su opinión.
Así me fui ganando la confianza y respeto de la audiencia que ya me empezaba a reconocer en la calle. Y aquí es donde quiero contar una anécdota que muchos todavía no se explican. Ese reconocimiento de mi trabajo del día a día venía acompañado de un título: "la gabarrita roja"... Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?
Voy a empezar recordando qué es una gabarra. La Real Academia la define como una embarcación mayor que la lancha, generalmente con cubierta, suele ir remolcada y se usa para transportes. Como yo vivía en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, estado Zulia, región petrolera del país, estas gabarras se usaban en el lago (supongo que todavía se usan, pero aquí voy a hablar todo en pasado) para transportar a los trabajadores petroleros, torres de perforación, equipos, materiales, entre otras cosas relacionadas con la industria del petróleo. Yo siempre me imaginé las gabarras como una plataforma de concreto gigante flotando en el lago. Allí incluso dormían los obreros mientras estaban en sus guardias, que podían durar días o hasta un mes.
En la calle, cuando yo salía a hacer mi recorrido para buscar las noticias, la gente siempre decía "llegó la gabarrita roja" o "ya llegó la gabarrita". Ese era casi que mi título de presentación. Al principio, en medio de mi inocencia, yo no entendía nada, así como ustedes en este momento. ¡Yo incluso pensé que yo era una gabarrita!, término que no me era nada familiar. Yo, recién graduada de periodista, apenas leía las noticias que me interesaban y les aseguro que nada relacionado con el petróleo me llamaba mucho la atención.
Como ya les mencioné, La Noticia en Órbita también era transmitido por televisión. Uno de los operadores del master de Ciudad TV (Beto) tenía un carro modelo Impala color vinotinto o rojo quemado, era gigante, como de los años 70, algo así como un batimóvil. Y el señor Julio, que era muy expresivo, muy creativo, cada vez que le tocaba darme el pase para que sacaran mis noticias al aire, decía la siguiente frase: "Y ahora nos vamos a la calle con la licenciada Dayana González, mueve esa gabarra Beto, adelanteeee lídeeeer..." Acto seguido, salía mi noticia en caliente.
Aquí tampoco entendía yo nada. "¿Que Beto moviera la gabarra?"... Y en la calle yo era la gabarrita... Algo no me cuadraba. Un día le pregunté al señor Julio que a qué se refería con eso de Beto y la gabarra y me explicó que como el carro de Beto era muy grande parecía una gabarra. Y, a la par con el tono jocoso que tenía muchas veces el programa, él le decía que "moviera esa gabarra" para que saliera mi noticia al aire. Y yo, como todos cuando entendemos algo por fin, dije "ahhhh". Ahí empezó a tener un poquito de sentido la cosa.
Yo siempre veía el Impala de Beto en el estacionamiento, hasta que dejó de trabajar en el canal. Nosotros (mi camarógrafo y yo) hacíamos el recorrido en un carro como verdecito (no recuerdo la marca). Pero, un día, el señor Julio cambió de carro y empezamos a salir en uno rojo (era cuadradito y pequeño, la marca quedó también en el olvido). Y a mí se me ocurrió la maravillosa idea de decir cuando lo vi allí en el estacionamiento (como ya no estaba Beto con su Impala): "ahora tenemos la gabarrita roja".
He allí la explicación de todo. Entonces, la frase pegajosa del señor Julio se convirtió en: "y nos vamos a la calle con la licenciada Dayana González y la gabarrita roja, adelanteeee lídeeeer...". Y lo demás es historia. La gente, obviamente, relacionaba una cosa con la otra y cuando llegaba la gabarrita la que llegaba era yo.
Fueron dos años muy productivos, de mucho aprendizaje, de soltarme como periodista, de aprender de mis propios errores y de empezar a ganarme un sueldo por primera vez. También me gané el reconocimiento de muchas personas y personalidades. Me daba mucha satisfacción ser ese enlace entre comunidad y autoridad, servir de voz de muchos vecinos, y poner mi granito de arena para ayudar a quienes lo necesitaban. También me tocó enfrentarme un par de veces a la audiencia a mi sola cuando el señor Julio no pudo estar y les confieso que no fue fácil: los nervios de punta y los fanáticos del locutor más popular exigiendo su presencia en la cabina de la radio. Pero sobreviví y es parte de lo que quiero recordar con este escrito.
Gané premios de periodismo también, me imagino que tenía detractores, pero bueno ojos que no ven... Yo me quedo con lo bueno, con lo que aprendí, con el recuerdo de las buenas personas que conocí. Agradeceré siempre al señor Julio la oportunidad, a su esposa, la señora Moraima, que también formó parte del equipo de prensa. Y bueno, mil anécdotas que me quedan en la memoria como dar un autógrafo por primera vez en mi vida hasta ser retenida unas horas por unos militares del ejército por andar buscando primicias. Además, enfrentar por primera vez una noticia trágica, ver en el sitio a las víctimas de una muerte violenta y el sufrimiento de sus familiares, así como el contraste de promover muchas actividades positivas de escuelas y diversas instituciones, y muchas cosas que me es imposible enumerar ahorita... Esos dos años fueron el punto de partida para mi crecimiento profesional y estaré eternamente agradecida. Para que tengan una idea del impacto del programa y la "gabarrita", una vez estaba yo buscando noticias en otro trabajo en Maracaibo, era el año 2007, y saliendo de la sede del CICPC (policía científica) alguien me vio en el carro donde iba y me dijo "ya tenemos aquí a la gabarrita"... Ante el asombro de mis compañeros no me quedó más remedio que decirles -humildemente- "es que yo era famosa en Ciudad Ojeda"... (risas).
Quería mostrarles aquí algunas imágenes de esa época, pero entre 2002 y 2004 no existían redes sociales ni teléfonos tan inteligentes como los de ahora. Sé que existen cintas de VHS, pero ahora vivo en México y el acceso a ese material es casi imposible. Si alguno de mis queridos lectores sabe de algún recorte de prensa donde yo haya salido con mi micrófono y su taco azul de La Noticia en Órbita y Ciudad TV, o alguna foto donde yo salga asomada por ahí, les agradecería que me la envíen para publicarla en este escrito donde he querido rendir homenaje a mi primer trabajo, a mi primer jefe y a mi experiencia con la gabarrita. ¡Feliz Día del Trabajador!
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| En estas fotos ya estaba en mi segundo trabajo formal, pero se las muestro para que tengan una idea de cómo era la gabarrita :) |


