miércoles, 27 de junio de 2018

La carrera más bella

Periodismo es la carrera más "bella". Esa frase la escuchaba mil veces cada vez que yo decía que quería estudiar Comunicación Social. Yo me imaginaba que las materias serían todas así tipo prácticas en estudios de televisión con micrófono en mano, hablando de música, deportes o viajes. En mi mente yo ratificaba: "eso debe ser bello".

Cuando empecé a estudiar, con mis muy tiernos 16 años, me llevé el primer chasco con lo "bello" de la carrera. Principios Básicos del Mercadeo. Horrible. Después vinieron Historia Contemporánea, Sistema Político, Técnicas de Investigación, Métodos Cuantitativos... Abrevio los nombres porque de bellas estas materias no tenían nada, ni el contenido ni el profesor (risas).

En fin, más temprano que tarde entendí que cada estudiante siempre asegura que su carrera es la más "bella". Y yo, particularmente, no me imagino nada bello estudiar Odontología o Ingeniería, por ejemplo. Lo cierto es que lo bello es poder estudiar y, por supuesto, graduarse de lo que uno de verdad quiere. Y ese fue mi caso, gracias a Dios.

Ejercer tampoco es "bello" todo el tiempo. Perdí la cuenta de todos los muertos ajenos que lloré en el sitio de los acontecimientos. El periodismo objetivo, frío e insensible no es lo mío: yo sí sufrí mucho en la calle; pero, también me divertí y, concluyo, que lo más bello es ver la satisfacción del público por la contribución del periodista, a través de una nota, en la solución de algún problema o por el logro de una respuesta esperada. Feliz Día del Periodista.

PD: Las materias más bellas para mí fueron Morfosintaxis I y II, los tres Talleres de Redacción, y todas las de Televisión, Fotografía y Radio. En ese orden.

Foto: Posando para el lente de mi querida Eilyn Velásquez, por allá en 2012, encaramada en lo que queda del elefante de hierro en el parque de Campo Alegría, Lagunillas.

Publicado originalmente el 27 de junio de 2017, en mi Facebook.



martes, 26 de junio de 2018

Venezuela se desdibuja

Yo crecí escuchando cuentos como estos: “Ahí donde está ese edificio había un cine pequeño”, “ese centro comercial era un terreno con puro monte”, “antes aquí no estaba esa urbanización, sino un terreno vacío”… y mi mente de ocho o nueve años se imaginaba cómo había cambiado mi ciudad, más poblada y grande entonces que en la época contada por mis papás.

Hoy, el que tiene nueve años es mi hijo mayor. Los cuentos que él me oye son más o menos así: “ese edificio que se está cayendo era tremendo centro comercial”, “esas casas abandonadas eran las más bonitas por aquí”, “este basurero antes era un parque”…

Lo lógico era que yo estuviera contándole cómo la modernidad y tecnología de estos tiempos estuvieran apoderándose de todas las infraestructuras a nuestro alrededor. Pero no, nada de eso, todo lo contrario. Ya ni las fachadas desteñidas de los comercios en el centro se pueden mirar. Dan pena. Unas latas de zinc pintadas anuncian una zapatería o un supermercado o lo que queda de ellos. Santamarías abajo como un domingo eterno. Centros comerciales vacíos, carreteras rotas, semáforos que ya perdieron su función, jardines sin flores… Eso sí, mucha gente caminando. Pero no por gusto o por tanto que ver y comprar en los negocios. Nada más alejado de la realidad. Caminan porque, sencillamente, no hay transporte. Bueno, sí hay, pero muy poco, poquísimo. En mal estado o improvisado. Las propias “carcachas” llevan y traen a quienes se atreven a montarse. Qué triste.  

A mí nunca me ha gustado salir mucho de la casa. Estoy tranquila en mi “búnker”. Así he sido siempre; pero, en estos tiempos de revolución, cuando salgo, el choque con la realidad –de la cual soy consciente- es inevitable. Será porque encerrada me sigo imaginando las cosas como eran antes y ojos que no ven…

Y así está todo el país. Tengo como tres años viendo novelas. Nunca las vi por falta de tiempo e interés. Como las están repitiendo, y tengo tiempo e interés, me he puesto a verlas. Me gustan porque me río bastante, pero al mismo tiempo me da una nostalgia  ver cómo era el país… Porque esas novelas reflejaban la realidad de Caracas que, estoy segura, ahorita está tan desdibujada como el resto de Venezuela. Lamentable.

Los negocios se van, los productos se van, las marcas famosas se van, las aerolíneas se van, los turistas se van, los laboratorios médicos se van, los artistas se van, los estudiantes se van, los profesionales se van, las amas de casa se van, los niños se van, los venezolanos se van. Es como si hubieran dado una orden de desalojo por “país inhabitable”. Dicen que el final de la pesadilla está cerca. Ojalá sea rápido antes de que el país se termine de borrar.






                                                             


                                                                

domingo, 17 de junio de 2018

A propósito del Mundial...

Digan lo que digan, el fútbol es el deporte rey. Yo recuerdo la final de México ’86. Todos íbamos a Argentina. Luego,  con Italia ’90, me empezó a gustar más este deporte. Sin embargo, USA ’94 fue el mundial que me marcó: Todavía recuerdo jugadas y goles como si hubieran sido ayer y me “consagré” como fanática de Italia por culpa de Paolo Maldini (💓). Y esa final, bueno, qué triste final.

Aunque tengo de italiana lo que tengo de pelirroja, mi corazón se quedó con la squadra azzurra. Por supuesto, no pierdo la fe de ver a la Vinotinto jugando un mundial. Así que no me importa que me llamen pastelera mientras tanto. Además, esos con su patriotismo pavoso son los que tienen a Venezuela marginada de estos súper eventos deportivos. Que cada cual escoja el país que le guste, total, uno lo que quiere es pasarla bien, sin estrés y sin culpa por apoyar cualquier selección, así no sea la nuestra. El mundial es para disfrutar del fútbol, no para reprimir ni satanizar las ganas de apoyar cualquier bandera, solamente porque alguien puso de moda que es un pecado seguir a otro equipo que no sea el nuestro.

Así que vamos a seguir disfrutando de Rusia 2018, por mi parte con el sabor agridulce de no ver a los azzurri en el terreno. Pero la emoción, pasión y diversión que despierta un mundial de fútbol siempre estará presente. Así pues, que gane el mejor (menos Brasil, ellos no; ni España tampoco).


Wish you were here...

 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...