Autorretrato. Se lo hacen lo pintores, los fotógrafos.
Autoentrevista. Me la hago yo.
- ¿Cómo eras de niña?
Súper tranquila. Tímida, desde niña con miedo a los locos... No sé, me daba miedo que en medio de su locura perdieran el control y me hicieran algo. De hecho, tuve algunos encuentros cercanos con locos ya de grande. Todavía me dan miedito. Pero, en general, fui tranquila, buena estudiante y, físicamente, flaquita. Ah, debo decir algo que era una constante en mi infancia: parecía una chinita. En la escuela yo decía que era de Japón o Hong Kong, y así dejaban de preguntarme si yo era china. Curiosamente, creo que nunca dije que era de China, jeje.
- ¿Y qué tal los años en la escuela? ¿Cuál es tu primer recuerdo?
Bueno, si de primer recuerdo hablamos, en general, siempre recuerdo cuando tenía tres años y nos mudamos a una casa donde había tres araguaneyes en el patio. Yo siempre jugaba sola en ese patio porque nunca tuve una vecinita así de mi edad para jugar.
Ahora, escuelas tuve varias. Desde preescolar hasta que salí de bachillerato pasé por cinco colegios. Así que tampoco tengo una amiguita que me haya quedado de la infancia. Como dije, fui buena estudiante siempre, más que todo en primaria. Aprendí a leer a los cuatro años. Recuerdo todavía los nombres de todas mis maestras, por cierto.
- Tienes más hermanos, ¿verdad?
Somos tres hembras y un varón. Yo soy la tercera y después viene mi hermano.
- ¿Cómo fue tu relación con ellos, siendo la menor de las hembras?
Bien. Cuando era más chiquita era muy pegada con mi hermana mayor. De adolescente, pasaba muchas horas escuchando rock con mi otra hermana mayor, la segunda. Y a mi hermano lo ayudaba a estudiar y también peleaba mucho con él, por cosas de niños. Ahorita, entiendo que en general fue una infancia normal y todo contribuyó con mi crecimiento. Mi mamá y mi papá también estuvieron conmigo cuando los necesité y todavía están.
- ¿Alguna anécdota que quieras destacar de esos años de niña-adolescente?
Sí. A los doce años me lavaron el cerebro. Yo escuchaba rock, heavy metal, desde los diez años. Un día fui a estudiar en casa de una amiguita y empezó a hablarme de su religión. Pues, esa tarde llegué a mi casa llorando porque el mundo se iba a acabar en 1994 y los rockeros eran unos satánicos. Mi mamá me regañó, pero más que todo para hacerme entender que eso no era así. Yo estaba asustada con el fin del mundo, la verdad. Estábamos en 1992, ¡faltaban dos años!
El lavado de cerebro se me pasó solito como a los dos días. Empecé a ser más rockera y desde entonces pasé por varias religiones. Lo que fue bueno porque después de ser católica, evangélica, testigo de Jehová, mormona y Hare Krishna, llegué a la conclusión de que Dios sí existe y es lo importante. Me faltó ser judía y musulmana...
- ¿Cómo describes tus años en la escuela primaria y secundaria?
Me gustaron. En cada escuela donde estuve hice mi grupito de amigas. Aprendí lo que tenía que aprender: hay gente buena, gente mala, gente hipócrita... Y seguía siendo tímida y tranquila.
- ¿Cómo fue terminar esa etapa, dejar los amigos, tu graduación?
La directora del colegio nos dijo que disfrutáramos mucho el acto de graduación, que era algo único, que la graduación de la universidad iba a ser muy fría y diferente. Te digo que de mi graduación de bachiller lo que yo recuerdo es que tenía lechina (varicela), me sentía mal, me empezaba a picar todo y lo que quería era estar en mi casa. Yo tenía quince años.
De esos últimos años de bachillerato, debo resaltar una cosa. Yo desde niña decía que iba a ser maestra. Siempre. Al empezar secundaria, decía que iba a estudiar Idiomas para ser profesora de inglés. Luego, a los trece años decidí que iba a estudiar periodismo.
En quinto año de bachillerato, hice las pruebas de admisión para entrar a la escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. No salí en el listado, no pasé. Lloré muchísimo, pero mucho, no te imagináis. "¿Y ahora?", era lo único que me atormentaba. Las pruebas de admisión para estudiar Idiomas ya habían pasado también. Fue cuando mi hermana mayor me dijo "siempre pasa lo que tiene que pasar". Entonces, se me ocurrió la brillante idea de estudiar Arquitectura. Una locura. Una de mis mejores amigas en esa época iba a estudiar esa carrera y yo, bueno, me animé. Grave error. Gravísimo. No me gustaba. No entendía nada. Ni la facultad me gustaba. Yo no pertenecía ahí.
Llevaba un mes "estudiando" Arquitectura, y todavía no me llegaba mi carnet estudiantil. Me mandaron al edificio administrativo a preguntar qué pasaba y, cuando metieron mis datos en la computadora, yo aparecía como estudiante de ¡Comunicación Social! No te imagináis mi emoción, mi alegría. Fue el día más feliz de mis 16 años de vida, y le di muchas gracias a Dios.
- Qué bonita historia. ¿La universidad fue lo que te esperabas?
Fue mi época favorita. Me gustó más que la escuela y el bachillerato. Conocí mucha gente, buena, mala e hipócrita. Hice amigos que hoy mantengo. Fue mi época de Hare Krishna, de intentar ser vegetariana, pero fallé en el intento. Me enamoré sola de todos los pelúos que veía. Entendí un poquito a la izquierda y los izquierdistas pre-Chávez. Esos años me volví más independiente a la hora de andar sola por la calle, aunque la primera vez que usé el transporte público yo tenía ocho añitos (había más seguridad, así que nunca tuve problemas). Y la carrera por la que tanto lloré me gustó, no me arrepiento. Me gusta ser periodista, me gusta preguntar, me gusta persuadir hasta que me respondan lo que pregunto. Me gusta escribir, me gusta investigar, me gusta leer. En la universidad empecé a pulir mi personalidad. Y la graduación, contrario a la advertencia de lo fría que iba a ser, la disfruté bastante. Lo logré. Tenía 21 años.
- Sin embargo, ya has dicho varias veces que eres tímida. ¿Puede una persona tan tímida hacer un buen trabajo periodístico?
Pues me defendí y me destaqué. Hice radio, televisión y periodismo impreso. Me gané varios premios municipales, el público y las personalidades reconocían mi trabajo. Una vez hasta me pidieron un autógrafo. Siento que hice un buen trabajo, lo mejor que pude. Aprendí mucho más de la vida y de los seres humanos. Me tocó contar historias bonitas y feas. Siempre me aferraba a hacer un periodismo con respeto y honestidad. Muchas de esas historias me tocaron el corazón.
- Aumentó tu lista de amigos, supongo, porque conociste muchas personas como periodista.
Mmmm yo no soy así de muchos muchos amigos, pero sí conocí muchas personas que me ayudaron, buenas personas, y aunque no los puedo nombrar a todos, les agradezco lo que me enseñaron. Ojo, lo tímida y tranquila no se me ha quitado. Así que eso definitivamente no te limita como periodista.
- Ya hablamos de amigos, vamos a hablar de los amores...
Amores platónicos muchos, jajajaja. Ahora, mi novio y mi actual esposo lo conocí trabajando. Éramos compañeros de trabajo, aunque él no es periodista.
- ¿Y tu vida como esposa y madre?
Ha sido como todas las etapas anteriores, como la vida misma, un aprendizaje. Como esposa, no solamente hace falta amar, sino tener la voluntad de que las cosas vayan bien, superar pruebas que, por muy duras, te dejan enseñanzas. Como me dijo mi hermana, siempre pasa lo que tiene que pasar.
Como madre, Dios me dio dos regalos. Me di cuenta de que ser madre es el trabajo más difícil del mundo. Nadie te enseña a ser madre, por lo tanto, uno no sabe si está haciendo las cosas bien o, simplemente, uno no sabe cómo hacer o enfrentar ciertas cosas. De cualquier modo, el amor igual se intensifica y ya no puedo ser egoísta porque hay alguien que me necesita.
- Yo sé que esto lo has escrito antes, lo has hablado; pero, a dos años de la peor tragedia de tu vida, que fue precisamente perder a una de esas personitas que te necesitaban y que amabas con el alma, ¿cómo te sientes?
El dolor siempre está ahí. A veces se manifiesta con lágrimas, a veces con rabia, incluso algunas veces con risas. Por más que trate de explicar ese sentimiento espantoso al ver morir a mi hija, siempre me van a faltar palabras. Horror, vacío, miedo... etc, etc. No se lo deseo a nadie. Mi vida se dividió. La vida me dio una lección.
- Háblanos de esa lección.
La vida es hoy. No hay que dar todo por sentado. Del pasado se aprende, pero no se debe vivir en el pasado. Y el futuro, quién sabe. Cada segundo que respiramos es un milagro. Aprovechemos estos segundos que tenemos. La vida es para ser feliz o tratar de ser feliz. La vida no es una competencia. Esto no es nada fácil, y yo todavía estoy lejos de estar así de plena, pero lo intento, y eso también es importante.
- Qué bueno. Te felicito por eso. ¿Algo que quieras agregar para terminar?
Que yo quería ser hippie y vivir en los sesentas. Desde siempre me atrajo esa época. Si tuviera buena voz, me gustaría ser cantante, una rockstar (aunque igual siempre canto, no me importa, jajaja). Sin embargo, si me dieran a escoger qué vida o en qué época estar, yo escogería la misma historia con los mismos personajes. Solamente, quisiera tener la sabiduría para no cometer los mismos errores y, sobre todas las cosas, poder tener a mis dos hijos conmigo hasta el final de mis días.


