domingo, 12 de enero de 2020

"There is always a little bit of heaven..."

Desde que la escuché, me gustó esta frase: "Siempre hay un pedacito de cielo en un área de desastre". Tendría yo unos doce años cuando vi el documental del Festival de Woodstock de 1969. Aunque fue un concierto que consagró y catapultó a varias leyendas de la música, el evento tuvo también números rojos. Esas palabras las pronunció Wavy Gravy (Hugh Romney) cuando daba la "buena noticia" de que había desayuno gratis para miles de personas: estaban a punto de colapsar porque debían atender a la multitud de hippies que se reunió para tres días de paz y música. Al final, resolvieron. Con avena y granola, pero resolvieron.

Ese pedacito de cielo es como la esperanza que no se pierde, la luz al final del túnel o el mal que no dura cien años. Es decir, siempre hay una solución, aunque no lo parezca. Hoy, más que nunca, me gusta y me aferro a esa frase. Emigrar no es fácil. Sin embargo, tuve la suerte de no salir sola de Venezuela ni de vivir sola al llegar a México. Tengo a gran parte de mi familia conmigo y tengo trabajo, gracias a Dios. Asimismo, como ya lo he escrito antes, trato de vivir mejor.

Obviamente, después de sentir, sufrir y vivir el dolor más grande del mundo, emigrar es solo una vivencia más. Mi pedacito de cielo, aparte del optimismo frente a todas las adversidades que se presentan, es tener a mi beba siempre presente. ¡Qué mejor pedacito de cielo! Tengo un ángel que me espera y me visita en sueños. Todavía las lágrimas aparecen. Todavía me cuesta ver niñas e imaginarme que así podría estar mi Estefa. Todavía hay canciones que no puedo escuchar completas. Todavía hay películas y programas de TV que sé que no puedo volver a ver. Fotos, videos, recuerdos que muchas veces prefiero evitar, simplemente, para no llorar más...

A pesar de todo, sigo. Y, al mismo tiempo, entiendo que, aunque para mí mi tragedia ha sido el peor dolor del mundo, inimaginable para quien no lo ha sentido, muchas personas sufren y viven con sus propios dolores, con sus propias tragedias. Conocer gente nueva, escuchar sus historias, darles algún consejo, todo eso da como un alivio, en medio de mi propia historia, sobre todo cuando se dan cuenta de que ellos también tienen un pedacito de cielo.

Hace poco escuché una anécdota de un cubano que emigró a México. Se vino por Guyana, le "salía mejor bajar y atravesar la selva". Lo que más me sorprendió fue cuando recordó que se vino en un grupo de ocho personas y en algún punto de alguna frontera los deportaron a todos, menos a él. También mencionó que en cierto tramo, caminando solo y con unos zapatos que apenas tenían ya un pedazo de suela, un niño le ofreció ayuda "porque los policías a él nunca le decían nada". En efecto, siguió al niño, los policías o guardias se hicieron los locos, y el cubano pasó a donde tenía que pasar. Yo lo que le dije fue "se te apareció un angelito en el camino". Este hombre pensó que no iba a lograr terminar su travesía, pero hoy la está contando.

Todo eso solamente me demuestra que, aunque muchas veces nos veamos en un abismo, siempre podemos salir, o la mayoría de las veces, para no pecar de ilusa. Se los digo yo que sigo respirando con el corazón roto, y lo dice este cubano que prácticamente atravesó un continente a pie. Y el Festival de Woodstock del '69 también es una muestra: A pesar de ser declarado como zona de desastre el lugar donde se celebró, hoy es reconocido como uno de los conciertos más importantes de la historia de la música.

"Cuando tienes a alguien
que amas en el cielo,
tienes un pedacito de cielo
en tu casa siempre"

Mi pedacito de cielo,
 mi estrella fugaz,
mi ángel,
mi reina,
mi Estefa ☄










1 comentario:

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 Estefa me hace falta todos los días. La quisiera cargar porque me dejó en ese momento cuando todavía los niños se cargan, así pesen y te du...