Si bien los venezolanos ya estábamos acostumbrados a no salir de vacaciones ni a ir a parques, cines, centros comerciales, o mejor dicho, ya estábamos resignados a aceptar que esas distracciones eran un lujo porque la comida y la salud eran las prioridades en medio de una economía devastada por la inflación; una vez que salimos del país, una de las principales cosas que todos queríamos hacer era pasear y darnos esos gusticos privados por la "robolución".
No importaba si no había mucho dinero; el simple hecho de caminar, conocer paisajes nuevos, ver vidrieras y "matar" cualquier antojo que no implicara un gasto exagerado, era suficiente para sentir que todo sacrificio valdría la pena.
Cuando ya estábamos acostumbrándonos a las nuevas rutinas, a las saliditas casi todos los fines de semana, a seguir conociendo nuevos horizontes, apareció el antojoso Coronavirus. Y todo el mundo se "emparejó". Todas las naciones parecían una: Nadie se quiere enfermar, así que hacemos caso a las indicaciones del gobierno y listo.
Recuerdo a finales de 2019 cuando leí que en China varias personas estaban contagiadas por un virus desconocido. Inmediatamente, recordé mi angustia con la gripe AH1N1 que, casualmente, empezó y fue terrible en México, donde resido actualmente.
Le pregunté a un compañero de trabajo si recordaba esa época y cómo se cuidaban. Me dijo muy tranquilo que nada más salía con tapabocas, se lavaban las manos y ya, hasta que salió la vacuna.
Yo busqué y rebusqué en los archivos de mi memoria las noticias de esos años, porque -incluso- yo trabajaba como periodista, y no encontré en ninguna parte imágenes de largas cuarentenas y países clausurados. Creo que disminuyó el turismo en México, quizá porque se difundió la noticia de que desde aquí salió todo (aunque hace poco leí que el origen de la influenza fue en Estados Unidos).
Lo cierto es que la paranoia, el encierro, la cuarentena mundial con el Coronavirus no se me parece a lo vivido con la gripe AH1N1, que también dejó muchos muertos. No entiendo. Son casi los mismos síntomas y los mismos factores de riesgo. Después de leer y tratar de comprender, llegué a la simple y nada científica conclusión de que este nuevo virus es quizá ¿más agresivo?... y pues debemos cuidarnos más.
A donde quiero llegar con todo esto es a lo siguiente: Aunque enero se nos hizo eterno, después de febrero, el 2020 empezó a volar, pero esas ganas de salir, esos planes de echar pa'lante, se han visto forzosamente truncados. Lo que no quiere decir acabados. Todo se puede retomar, pero ¿cuándo?
Me da rabia y me siento como en una mala película de ficción cuando he tenido que salir a la calle y veo a toda la gente enmascarada. Tiendas cerradas. Parques vacíos. Absurdos protocolos de distancia que no sé si funcionen al cien por ciento. Te toman la temperatura y debemos restregar en nuestras manos un "gel antibacterial" cuya procedencia siempre me despierta la curiosidad, ¿qué le estoy echando a mis manos?
Los niños deben sentir que están atrapados. Me imagino a los chiquitos de cuatro o cinco años preguntando hasta el cansancio "¿por qué me tengo que poner tapabocas?, ¿por qué no puedo salir a jugar?, ¿por qué no fui más a la escuela? ¿al cine? ¿y mi fiesta de cumpleaños? ¿por qué? ¿por qué?"...
Pobrecitos. Si de verdad la culpa de este virus fue una "bati-sopa", pues qué mal. Pero si los culpables son mentes macabras que crearon este virus con fines que aquí no voy a mencionar, pues que Dios nos agarre confesados.
Todo esto me da tristeza. Yo sabía que el mundo estaba mal, pero no tanto. Salir de Venezuela e instalarme en un país "normal", me daba esperanzas, después de vivir en un callejón sin salida al sur del continente. Pero, pensar que ahorita el tiempo pasa y nosotros estamos encerrados y lo que nos ofrecen es una "nueva normalidad" con guantes, mascarillas y distancia, me deja con un mal sabor de boca.
Al menos yo me he convencido de vivir y aprovechar lo que me toca. Ya he contado varias veces mi filosofía de vida dadas mis propias experiencias. Pero, aquellos que empiezan a vivir, nuestros hijos, sobrinos... Los menores de edad que se imaginaban una vida de adultos "normal".... Ir a la universidad, a fiestas, conciertos, restaurantes, cines, etc, etc... ¿podrán hacerlo como yo lo hice? ¿Sin máscaras, sin metros de distancia obligatorios?
Ojalá que sí. "Ojalá" se ha convertido en mi palabra favorita. Yo quiero que mi hijo salga, se divierta. Que vaya a la escuela y comparta con nuevos amigos. Ojalá de verdad este virus se controle. Que ir al supermercado, al centro, al trabajo, a cualquier parte vuelva a ser como antes. Que no nos dé miedo ir en metro o usar cualquier transporte público. Que podamos vivir, compartir y seguir adelante porque, de verdad, hace falta tener una vida normal, nuestra "vieja normalidad".






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