miércoles, 16 de mayo de 2018

El título más largo...


Ironías de la vida: Un militar del ejército me dejó una gran enseñanza. No tanto por su trascendencia, sino por lo útil de sus palabras.

Yo estaba recién graduada (2001) y me consiguieron una entrevista de trabajo. La primera. El único detalle es que era en Trujillo, estado Trujillo, y con militares… Bueno, me armé de valor, hice mi maleta y me fui. Aunque tenía en mi mente una condición muy clara para aceptar un empleo lejos de mi familia y con militares: el sueldo tenía que ser muy alto.

Llegué al lugar acompañada del intermediario. Me presentó al ¿comandante? No recuerdo exactamente, pero era el jefe, el de más jerarquía en el lugar. Fue muy amable, aunque creo que le parecí muy novata. Además, siempre he tenido esta cara de “niña”, por lo que seguramente me vio y supo en qué terminaría todo. Sin embargo, me senté frente a él, bien seria y derechita, a responder sus preguntas y escuchar su propuesta.

La primera parte de la conversación -mis respuestas- salió muy bien. La segunda parte -la propuesta- fue horrible. Un bombardeo de tareas que me tocaría hacer si aceptaba ser la periodista encargada de mil cosas coordinadas por el -creo que hoy extinto- Plan Bolívar 2000.

Cuando empezó la descripción de tareas y de mi función en ellas, yo asentía con aplomo y seguridad. Yo juraba que mi imagen proyectaba “todo bien, todo perfecto, entiendo todo, así lo haré”. En verdad, solamente movía mi cabeza de arriba a abajo y lo que pasaba por mi mente era “guácala, yo no quiero hacer nada de eso”.

El tipo seguía hablando y hablando y yo asintiendo. De pronto, me descubrí pensando en mi casa, en todos esos uniformados ahí y yo lejos de todo y, simplemente, dejé de escuchar la propuesta de trabajo. Mi mente se fue a otra galaxia y el capitán-comandante-teniente-sargento o qué sé yo del ejército seguía hablando y hablando. Hasta que en una de esas mi cara tuvo que delatarme. No sé. Y él me dijo que todos sus subordinados sabían que la mente no podía guardar ni recordar tantas cosas por hacer y por eso él les ordenaba tener en el bolsillo de la camisa una libretica con un escrito pegado en la tapa: “la memoria es más frágil que el papel”. Llamó a un soldadito que estaba cerca para que hiciera una demostración. El joven militar, moreno me acuerdo, metió la mano en su bolsillo, de donde también prendía un bolígrafo, y me enseñó la libreta con el papel pegado: “la memoria es más frágil que el papel”.

Yo estaba tan ida que pensé “ajá ¿y este cuento de la libreta a qué viene?”. Otra vez, supongo, el jerarca militar notó mi cara de interrogación y me explicó: “Tengo como veinte minutos diciendo lo que tendrá que hacer y usted no ha anotado nada”. En ese momento aterricé. Solté una sonrisa nerviosa y miré mis manos sobre mis piernas que sostenían una libreta y un bolígrafo que había sacado de mi cartera, pero que no abrí en ningún momento para anotar nada.

Me dio pena y le confirmé con mi cara muy dura: “Yo entendí todo”. El señor (cuyos apellidos me reservo, pero que sí recuerdo, por cierto) siempre fue muy amable y caballero. Me invitó a estar un rato con el equipo de trabajo para ir conociendo el lugar y a mis “futuros compañeros”. ¡¿Me había dado el cargo?! Todo dependía de que yo aceptara.

Fui a una especie de galpón. Vi a la gente en acción. Horrible todo. No era lo mío. Lo único que me daba vueltas en la cabeza -de tantas cosas al frente de las cuales yo estaría al mando- era coordinar una emisora de radio donde solamente sonaría vallenato, por órdenes militares, pues era la música predilecta de la comunidad. Auxilio. También recuerdo el sueldo. Era bastante, más de lo que esperaba. Pero no pude. Me despedí amablemente sin decir más nada. Obviamente, no acepté. No pude y no me arrepiento.

Aprendí mi lección ese día y desde entonces anoto todo para no olvidar. Escribo para recordar porque, en efecto, la memoria es más frágil que el papel. Por eso, si les parece largo el nombre de este blog, anótenlo para que no se les olvide.

Y ¿por qué es irónico que un militar me haya dejado tal enseñanza? Porque simplemente no pensé que un uniformado me enseñara nada. Así de sencillo.


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