Yo crecí escuchando cuentos como estos: “Ahí
donde está ese edificio había un cine pequeño”, “ese centro comercial era un
terreno con puro monte”, “antes aquí no estaba esa urbanización, sino un
terreno vacío”… y mi mente de ocho o nueve años se imaginaba cómo había cambiado
mi ciudad, más poblada y grande entonces que en la época contada por mis papás.
Hoy, el que tiene nueve años es mi hijo
mayor. Los cuentos que él me oye son más o menos así: “ese edificio que se está
cayendo era tremendo centro comercial”, “esas casas abandonadas eran las más bonitas
por aquí”, “este basurero antes era un parque”…
Lo lógico era que yo estuviera contándole
cómo la modernidad y tecnología de estos tiempos estuvieran apoderándose de
todas las infraestructuras a nuestro alrededor. Pero no, nada de eso, todo lo
contrario. Ya ni las fachadas desteñidas de los comercios en el centro se
pueden mirar. Dan pena. Unas latas de zinc pintadas anuncian una zapatería o un
supermercado o lo que queda de ellos. Santamarías abajo como un domingo eterno.
Centros comerciales vacíos, carreteras rotas, semáforos que ya perdieron su
función, jardines sin flores… Eso sí, mucha gente caminando. Pero no por gusto
o por tanto que ver y comprar en los negocios. Nada más alejado de la realidad.
Caminan porque, sencillamente, no hay transporte. Bueno, sí hay, pero muy poco,
poquísimo. En mal estado o improvisado. Las propias “carcachas” llevan y traen
a quienes se atreven a montarse. Qué triste.
A mí nunca me ha gustado salir mucho de la
casa. Estoy tranquila en mi “búnker”. Así he sido siempre; pero, en estos
tiempos de revolución, cuando salgo, el choque con la realidad –de la cual soy
consciente- es inevitable. Será porque encerrada me sigo imaginando las cosas
como eran antes y ojos que no ven…
Y así está todo el país. Tengo como tres
años viendo novelas. Nunca las vi por falta de tiempo e interés. Como las están
repitiendo, y tengo tiempo e interés, me he puesto a verlas. Me gustan porque
me río bastante, pero al mismo tiempo me da una nostalgia ver cómo era el país… Porque esas novelas
reflejaban la realidad de Caracas que, estoy segura, ahorita está tan
desdibujada como el resto de Venezuela. Lamentable.





No hay comentarios:
Publicar un comentario