Uno de mis recuerdos más remotos es la
muerte de mi abuela paterna. Enero de 1985, yo tenía cinco años. Lloré mucho,
muchísimo, sobre todo por ver a mi papá llorar como un niño. En el velorio me
cargaron para verla en la urna y mi mamá me dijo “está dormida”. Y así parecía,
que estaba dormida. También recuerdo que cuando yo estaba en cuarto grado, con
ocho años, conversando con mis amiguitas sobre familiares muertos, yo les hablé
de mi abuela y volví a llorar ahí en el salón de la escuela.
Hoy, después de la tragedia de mi vida, la
partida de mi Estefa, me doy cuenta de que la muerte, de algún u otro modo,
siempre la he tenido “cerca”. Desde el deceso de mi abuela hasta la inquietud constante
por saber a dónde se van los que ya no están, sueños frecuentes con familiares
fallecidos, miedo a los fantasmas y cuentos de espantos y el hecho de ser
periodista, que me hizo sentir el dolor de desgracias ajenas como propias, fue
como si la vida me estuviera preparando para sufrir en carne propia la peor de
las muertes: la de mi niña.
Lo cierto es que no hay preparación que
valga. Tratar de explicar lo que siento es imposible. Estoy aprendiendo a vivir
otra vez. Cada día es un reto; cada noche, un reto mayor. Yo sé que la vida continúa… para los demás.
Ahorita la mía está en pausa.
La gente va al trabajo, celebra cumpleaños,
va a reuniones, los niños van a clases, los minutos pasan… Pero yo estoy aquí,
recordando a mi beba, cada segundo. Respiro, existo, hablo, sonrío, lloro; pero,
me falta ella. En cada cosa que hago, por muy simple que parezca, la tengo en
mi mente. Me la imagino siempre acompañándome en cada paso que doy. Mi mano
sigue sosteniendo su manito cuando camino, mis oídos siguen escuchando su voz y
sus gritos, la sigo teniendo a mi lado cuando me acuesto en la cama, ella sigue
dejando su firma en todas las paredes con cuanto color consiga, seguimos
escuchando música y viendo televisión juntas, sigue jugando con su hermanito y
su papi… ella sigue aquí, esta casa es ella y en toda esta ciudad está ella.
Porque ella ya reconocía las calles y los lugares a donde íbamos. Y ella también
sabía el lugar que ocupaba en nuestras vidas y en la vida de quienes la
conocieron.
Ahora más que nunca creo en la vida
espiritual. Mi beba es un ángel y está conmigo. No le gusta verme triste, pero
obviamente es inevitable. Me ha hablado dos veces en sueños, que han sido tan
reales que me provoca dormir y dormir para verla, abrazarla, besarla y no
soltarla. Una consecuencia de todo es que ya no le tengo miedo a la muerte, porque
cuando llegue mi hora tendré a alguien a quien buscar, alguien que me va a
estar esperando.
Vendrán
días tranquilos y días difíciles y así me tendré que acostumbrar a esta montaña
rusa de sentimientos para siempre. Yo sé que la vida continúa, yo sé que tengo
otro hijo. Yo sé todo eso, yo sé que tengo que hacer algo por mí y lo voy a
hacer. Paciencia. Esto no es fácil. Y qué casualidad mi tatuaje, pienso ahora,
es un ave fénix, símbolo de ese renacer de mis propias
cenizas que en algún momento será.
“Piensa en la esperanza de la resurrección”
fue una de las tantas frases que me dijeron con la mejor intención de aliviar
mi dolor. “Ella vive en el mundo espiritual y está con nosotros”, así me trató
de animar mi hijo un día. Ojalá y quiero creer que sí, que nos volveremos a ver
y abrazar y ser felices, en un mundo mejor, ese mundo espiritual, donde mi
reina me espera feliz y bella. “Vos sois inolvidable, inolvidable” le dije en
un sueño. Y así es, mi Estefa es inolvidable y fui la más afortunada por
tenerla. Te quiero mi beba hermosa.
PD: Aunque Estefa tenía su propia lista de
canciones favoritas, descubiertas y escogidas por ella misma, voy a dejar por
aquí tres canciones de las mías que ella reconocía y le gustaban, las cantaba y bailaba.
No son infantiles, ni de amor de madre a hija, pero siempre serán nuestras
canciones y ahora es imposible escucharlas sin llorar:
Bungle in
the jungle, Jethro Tull: https://youtu.be/0frSN92mTGo
When the
wild wind blows, Iron Maiden: https://youtu.be/eHg9PJc1Nds
Call me,
Blondie: https://youtu.be/StKVS0eI85I
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| Con mis lentes, bella |
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| Siempre encima de su papi |




A duras penas logre terminar de leer, porque un diluvio inundo mis ojos y algo semejante e la bobeda celeste oprimia mi pecho. es imposible para mi imaginar lo que estais viviendo y siendo egoista te digo que no quiero hacerlo, porque aunque he vivido muy repetidamente la desaparicion de seres queridos muy cercanos a mi, ninguno se compara con esa vivencia tan dolorosa y traumatica que estais soportando. en estos momentos, uno de los pilares que me mantiene en pie es la esperanza de reencontrarme con mis familiares de los que me he separado momentaneamente, porque estoy convencido que asi sera, como tambien el de asistir a la gran jam que se debe estar dando en el cielo. vos sabeis de lo que hablo. que Dios te Bendiga y el Angel de la Guarda te cubra con sus alas.
ResponderEliminarAmén, tío.
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