sábado, 1 de diciembre de 2018

En yoga hasta donde llegue

Tengo que hacer algo por mí. Esa fue la decisión y empecé el 22 de octubre. Siempre me ha llamado la atención el yoga, especialmente por todo el tema espiritual que implica. Así empecé a salir del encierro, al menos por unas horas a la semana, después del día más triste de mi vida.

Unos días antes de iniciar el curso, vi el documental “On Yoga, the Architecture of Peace” (Acerca del Yoga, la Arquitectura de la Paz). De él, les comparto lo que más me tocó el corazón:

“En resumidas cuentas, el miedo es el miedo a la muerte. Quiero decir, es nuestro mayor miedo en la vida (…) Así que cuando dominamos el miedo a la muerte somos libres. Es esa comprensión del miedo lo que nos hace no tener más miedo. Seguimos adelante y cuando llegue nuestra hora estaremos preparados, porque a esas alturas ya no puedes retroceder, sigues adelante y vas dejando atrás todo el miedo y confiando en lo que hiciste durante la vida. Es nuestra oportunidad de ser libres. Pienso que por eso estamos aquí, para aprender eso. Es un poco irónico, nacemos para aprender a morir”.- Dra. Linda Lancaster, fundadora del Light Harmonics Institute.

 “Mira, la muerte es aterradora. Es tan aterradora para mí como lo es para ti, para todo y para todos. Tan solo es la experiencia de estar contigo mismo, de estar con tu respiración. Me refiero a que eso no te va a quitar el miedo a la muerte, tan solo va a darle un sentido a la muerte, porque es un momento de transición. Si hay energía y hay una chispa y creemos en ella, todo lo que estamos dejando atrás es un cuerpo. Lo que se irá con nosotros son nuestras experiencias”.- Michael O’Neill, fotógrafo.

Ese documental y la decisión de no quererme morir encerrada de dolor me motivaron a empezar el curso de yoga. Tomando en cuenta eso y que no soy nada flexible o que nunca he practicado ningún deporte, tenía muchas expectativas.

Para mí, el yoga implicaba, más que todo, relajación, meditación, paz mental. En parte, es eso; pero, hay otra cara de la moneda que me ha sorprendido. Aquí les voy a contar cómo va todo.

La música relajante de fondo y el olor a incienso enmarcan ese ambiente bohemio que nunca ha sido ajeno a mí. Una entrenadora amable y con voz dulce me transmite la confianza que necesito. Recuerdo que en la primera clase me enseñó la importancia de la respiración y comenzamos. Agradecimos a nuestro cuerpo por ser nuestro templo, por un nuevo día, por muchas cosas en general –yo me encomendé a Dios y le pedí que me protegiera de alguna lesión- y empezó lo bueno: la práctica.

Yo nunca me forzaría a hacer cosas que considere difíciles. Dejé claro, desde el inicio, que soy (súper) principiante: si no puedo, no puedo y debo "escuchar" mi cuerpo. Pero mi intención es aprender así que di, y sigo dando, lo mejor de mí. 

El saludo al sol, o Surya Namaskar, es una secuencia de posturas o asanas no tan complicadas. Con eso empezamos la mayoría de las clases y de ahí uno va realizando lo que diga la instructora.

El yoga son detalles y los detalles -como en todo- son importantes, más aún para evitar lesiones. Mis sorpresas empezaron al sentirme más pesada de lo que realmente soy. Jamás imaginé que alzar mis brazos y mantenerlos estirados se sentiría como levantar unos treinta kilos.

“El yoga no duele”, eso dicen los expertos. ¡Pero a mí sí me duele! Ahora, yo no quiero que el remedio sea peor que la enfermedad. “Concéntrate en la respiración con cada postura”. Esta parte ha sido una de las más difíciles, pues mantener mi mente calladita es casi una misión imposible.

“Lo estoy haciendo todo mal”, “me voy a lesionar”, “más o menos ¿cuándo es que uno se relaja?”, “a ella como que se le olvidó que yo soy principiante”, y así mi mente inquieta me habla sin parar a medida que intento hacer las asanas lo mejor que puedo. Ahí está el reto y es mi objetivo: ser un poquito más flexible y resistente y, poco a poco, aprender a desconectar mi mente y concentrarme en mi respiración y mi cuerpo, en el -tan mentado- aquí y el ahora y, más adelante, poder meditar.

Les aseguro que me levanto y me visto con ese entusiasmo inusual en mí en medio de mi tristeza, voy dispuesta a dar el cien por ciento… pero, hay posturas en las que el cuerpo sencillamente no me da y aquí sí que no vale positivismo ni buenas vibras: si soy tiesa, soy tiesa; aunque, me pronostican que voy a mejorar. Si logro tocarme algún día los dedos de los pies, o al menos arribita de los tobillos, en el saludo al sol, les contaré.

Yo no pretendo ser contorsionista, quiero lograr esa paz mental que el yoga promete. Es un trabajo de hormiguita, pero no imposible. Quiero prosperar en esta actividad, al menos es una meta, la primera que me propongo después del fatídico 3-7-18. Haré mi mejor esfuerzo en cada práctica. Es algo que quiero lograr por mí, solamente por mí y para mí, con todo el egoísmo que ello implica. Si, como dijo la Dra. Lancaster, vivimos para aprender a morir, yo espero que el yoga me enseñe a hacer las cosas bien para dejar todo listo cuando me tenga que ir. Porque el yoga no solo son posturas y meditación: el yoga se aplica en muchos aspectos de la vida (los invito a leer sobre el tema, porque me quedaría más largo este escrito si les explico por aquí).

Las clases terminan con mi parte favorita: la relajación. Nos desplomamos en el mat (esa alfombrita alargada donde siento que me exprimen la columna), cerramos los ojos y –por fin- un poco de relax. Es la postura savasana. Ahí es donde siento que, a pesar de los errores, di el 200% y pienso que vale la pena continuar.

Por lo pronto, les comparto unas foticos de lo que he conseguido (o medio conseguido) como aprendiz de yoguini. En muchas verán mi carita relajada, aunque la verdad mi cuerpo y mente lo que están rogando es que la entrenadora saque rápido la bendita foto porque unos segundos más y serían bloopers en vez de fotografías. En conclusión, el yoga no es fácil, pero me gusta. Vamos a ver hasta dónde llego. Namasté.

PD: Gracias a mi instructora, Silvia Pacheco, por las fotos.









11 comentarios:

  1. Gracias por tus palabras y lo que a mi me toca. Al principio de mí práctica como principiante tambien tenia dolores pues tu templo está despertando de una vida sin actividad, apartando un poco que si tengo la columna con una desviacion o si tengo problemas lumbares. Todo eso viene de una emoción. Y lo fisico lo trabajamos con asanas adecuadas al participante. Lo mental y espiritual van de la mano con la asana. Donde poco a poco vamos sacando bloqueos de muchas partes del cuerpo. Me complace cuando dices la dulce voz de mi instructora qué pasó a paso me guia sin forzar el templo. Estoy a,la orden para,seguirte ayudando en tu camino hacia el despertar. NAMASTE🙏

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  2. Hola Dayana!!
    Me gusto tu texto y solo quiero compartir mi visión del Yoga el cual practico desde marzo del 2007, y lo recuerdo perfecto porque llegó en un momento crítico en mi vida...

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  3. Si recuerdas Daisy y José estaban en Venezuela y Yo desde inicio de ese año en Tijuana, una nueva ciudad, solo y con un nuevo reto profesional...
    Ahí aplica el concepto "El maestro llega cuando el alumno está listo".

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  4. Eh tenido la fortuna de practicar con muchos maestro y experimentado algunos estilos... Y como bien dices el espacio, ambiente y la energía que transmite el instructor son fundamentales...

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  5. Solo te digo el Yoga para mi es la mejor herramienta para el día a día

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  6. Si bien existe infinidad de literatura al respecto, yo eh enfocado mi práctica de forma simple...
    Evito la mente, identifico mi ego y lo transmuto en energía hacia mi práctica.
    Estoy convencido de que el mejor beneficio es generar mi conciencia, de mi cuerpo, de mis capacidades y debilidades...

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  7. Pero sobre, es la mejor herramienta para estar en "EL AQUÍ Y EL AHORA ", el peso del pasado se desvanece y el stress o angustia del futuro también.

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  8. Las asanas son el medio físico y tangible de encontrarlo, pero el Yoga es aún más profundo, trabaja y transforma tu energía, te enseña la puerta a tu conexión espiritual...

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  9. En lo practico solo te mencionó, Enfócate en tu práctica(no te compares), la práctica es personal, sé constante ahí esta la clave para hacer de la Yoga una disciplina de vida..
    Y lo mejor te ayuda a desarrollar tu "CONCIENCIA", que es la puerta al TRABAJO ESPIRITUAL, el cual aún es más basto y profundo...

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  10. Deseo que sigas en ese camino que ya empezaste, es la mejor oportunidad de TRANSMUTAR TU DOLOR EN AMOR, QUE ES LA FUERZA QUE MUEVE TODA LA VIDA..
    NAMASTÉ.

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  11. si, eso pasa por la mente muy a menudo jejejeje : “a ella como que se le olvidó que yo soy principiante ;) pero super ...de verdad el Yoga nos motiva a seguir y a hacerlo cada dia mejor...un abrazo!!

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