Iron Maiden regresó a México y ahí estuve otra vez. La emoción sigue intacta a solo horas de terminar el concierto y escribir estas líneas. Esta vez no fui sola, sino en familia: mi esposo y mi hijo estuvieron conmigo y estoy segura de que les contagié mi euforia, incluso a los que estaban a mi alrededor: canté, bailé, salté y grité como nadie.
Como buena fan, quise llegar temprano. En 2019, cuando fui sola, dejé para el final la compra de la respectiva franela y vaso oficial del evento. En esta ocasión, esa fue mi primera parada; además, ya teníamos nuestro lugar seguro en las gradas (en 2019 sí entré rápido para estar cerca de la tarima).
Lista la compra, seguimos nuestro camino y empezó la lluvia que ya estaba pronosticada. Por suerte, no fue un aguacero y los impermeables que llevamos hicieron su trabajo.
Desde las alturas de las gradas del Foro Sol, veíamos como la legión de rockeros de todas las edades iba llenando los espacios. En el área donde estábamos, veíamos pasar a madres rockeras y padres rockeros con sus hijos, lo que significa que la buena música se sigue transmitiendo de generación en generación (fue inevitable imaginarnos ahí con nuestra beba).
A las 7:30 pm, con el cielo gris y un frío soportable gracias al universo, salió a escena Mastodon, los teloneros... no tengo mucho qué decir, solo que sonaron bien...
Cuando terminaron, ya la atmósfera se sentía más eléctrica. La lluvia cesó, la luna llena sobresalía en un cielo que seguía nublado y yo con la adrenalina a millón porque sabía que faltaba poco para escuchar Doctor, Doctor, tema que anuncia la salida de Maiden a escena.
Aplausos, gritos, ansiedad y de pronto empieza la canción original de UFO... Se apagaron las luces, comienza a retumbar la batería de Nicko McBrain, se ilumina la tarima, se prenden las pantallas y sale corriendo Bruce a cantar Senjutsu... ¡¡¡Qué emoción!!! Ahí estaban otra vez mis ídolos en escena, demostrando por qué son los mejores.
Las primeras tres canciones fueron de su disco más reciente y el resto del repertorio, tal cual, el legado de la bestia. El setlist incluyó Blood Brothers de mi disco favorito Brave New World, pero todas, absolutamente todas las canciones fueron interpretadas impecablemente por Steve, Adrian, Janick, Dave, Nicko y, por supuesto, el incomparable Bruce Dickinson (por cierto, no había empezado bien el show y ya le habían lanzado su respectivo Dr. Simi, jeje... Busquen en Google de qué hablo, si no saben).
No me senté en ningún momento; es más, no entiendo cómo muchas personas en las gradas se quedaron sentadas durante todo el concierto: yo lo disfruté como si hubiera estado en primera fila, como en el 2019, pero esta vez sin empujones ni litros de sudor y quién sabe qué otros líquidos cayéndome encima. Gracias a Dios pude disfrutar ese espectáculo con mi esposo y mi hijo y todo salió bien, de principio a fin.
Dejé la garganta en cada coro, en cada verso, en cada "scream for me México"... Sesenta y cinco mil almas nos reunimos para disfrutar de una de las mejores bandas de heavy metal de la historia, cuyos integrantes siguen teniendo la energía de siempre, a pesar de tener entre 60 y 70 años.
Son oportunidades que se presentan en la vida y que, si se puede, se deben aprovechar sin pensarlo dos veces, así como esos fanáticos que no dudaron en lanzarles sus peluches del fulano Dr. Simi y hasta un pollo de goma a los británicos...
Me quedan los mejores recuerdos, no solo en mi memoria, sino en cada poro de mi piel y en cada hueso. La música me llena de buenas vibras y de alegría. Vuelvo a ser una niña y no me importa nada. La felicidad está en estos pequeños detalles. Up the Irons, forever!



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