domingo, 3 de julio de 2022

El día que no debió llegar

¿Se puede odiar tanto una fecha?

Sí. Yo odio con todas las fuerzas de mi corazón el 3 de julio de 2018. 

Ese día me dieron la peor noticia que se le puede dar a una madre.

Ese día tuve que decirle a mi hijo que su hermanita ya era un angelito y lo vi llorar como nunca. Pedazo tras pedazo, mi corazón se iba destrozando cada segundo. 

Ese día recibí mil abrazos llenos de tristeza, dolor, impotencia...

Ese día vesti y peiné a mi beba por última vez. Me acosté a su lado por última vez. Quería estar con ella en el mismo sueño profundo. 

Ese día mi casa estaba llena y al mismo tiempo vacía. Mi beba estaba en todas partes y en ninguna. Qué sensación tan horrible. 

Ese día sonó su canción favorita y ella no corrió a cantar ni a bailar más nunca. Todo lo que antes de ese día era alegría se convirtió en tristeza. 

Ese día entré a una funeraria a ver a mi niña dormida para siempre. Me llevé las manos a la cara rogándole a Dios que todo fuera una pesadilla. Pero al volver a mirar, con los ojos inundados de lágrimas infinitas, enfrenté la peor realidad, la peor.

Esa noche el horror me invadió. La oscuridad me arropó. Ese día una parte de mí dejó de existir.

Como en una película (de horror, por cierto), yo esperaba que saliera la palabra "fin" en una pantalla. Que todo se reiniciara, que me reseteara... En mi mente nada era verdad.

Razones me sobran para odiar ese día. Una fecha marcada y elegida por la muerte. Una fecha que nunca debió llegar. 

Aunque hayan pasado cuatro años, aunque yo siga viva y sonriendo, ese día permanece intacto en mi mente. Soy el vivo ejemplo de una madre con un pedazo de su corazón -muy roto, por cierto- en la tierra y otro pedazo en el cielo. 

Decidí continuar, enfrentando miedos, viviendo nuevas alegrías y nuevas tristezas; pero, nada se compara con la experiencia de ver y abrazar a mi beba por última vez. Y todavía me pregunto: ¿Por qué?


Siempre feliz mi beba hermosa





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