miércoles, 23 de mayo de 2018

Slash en Caracas

A mí me gustaba Menudo. Los de mi generación eran rockeros. En cada entrevista nombraban sus bandas favoritas. Yo tenía diez años cuando escuché por primera vez  Guns N’ Roses. Menudo se acabó de pronto por un escándalo, pero ya yo había descubierto  -gracias a ellos-  la música que sería el soundtrack de mi vida: el Heavy Metal.

De GN’R, mi favorito era (y sigue siendo) el guitarrista, Slash. “¡Pero si no se le ve la cara!”… Whatever. Mientras todas suspiraban por Axl, a mí me gustaba Slash. Y punto.

El 25 de noviembre de 1992, miércoles, GN’R se presentó en el Poliedro de Caracas. No pude ir. La entrada costaba 2.500 bolívares (de los arcaicos) y yo tenía trece años, es decir, mucho dinero y yo muy chiquita. Lloré bastante, pero fue imposible.

Iron Maiden, Metallica, Poison, Bon Jovi y un largo etcétera de bandas visitaron también el país. Unas buenas, otras no tanto. Yo quería estar en todos los conciertos, pero había otras prioridades. Además, ya había superado no haber podido ir al concierto de Guns… Hasta que en diciembre de 2010 (añales más tarde), Slash anunció un concierto en Caracas como parte de la gira con su banda por Suramérica. ¡Yo tenía que ir esta vez!

Después de la respectiva exaltación por la noticia, llamadas telefónicas, depósitos en banco y contar con el apoyo de mi esposito, solamente me quedaba esperar tres largos meses. El 31 de marzo de 2011 era la fecha.

El tour que iba a salir no salió. La solución del encargado fue que el grupo de diez fanáticos varados viajáramos en autobús desde el terminal de Maracaibo hasta Caracas. Fueron quince horas de un interminable trayecto, lleno de alcabalas, fallas mecánicas y mucha ansiedad. De paso, sería mi primera vez en la capital (lo único que puedo decir que conocí bien fue el terminal de pasajeros, el Sambil y el Metro).

Pasamos el día mirando vidrieras. Y llegó la noche. De más está decir que mi entrada era VIP. Los diez fanáticos nos dispersamos en el auditorio, cada cual en su respectivo puesto. La muchacha de protocolo me ubicó lejos de la tarima y yo no entendí. Se supone que pagué para estar en primera fila. Hice el respectivo reclamo que casi se convierte en trifulca, hasta que me dieron mi lugar. Casualidad, uno de los compañeros del tour estaba en la misma situación; así que nos apoyamos mutuamente y entre los dos dejamos claro que habíamos hecho una inversión para disfrutar del concierto como Dios manda. Y así fue. Apenas se apagaron las luces y empezó la musiquita de suspenso para anunciar que ya pronto uno de mis sueños se haría realidad, casi le arranco el brazo al chamo al aparecer la silueta: “¡YA LO VI, YA LO VI!”, brinqué de emoción. Había soñado con ese momento desde niña. Luego del fiasco del ’92, veía remota la posibilidad de ver en persona a mi ídolo greñudo, con su sombrero negro de copa y lentes oscuros. Pero ahí estaba, tocando majestuosamente su guitarra y yo babeándome en primera fila. Espectacular.

“Entre Slash y yo, solamente, el tipo de seguridad”. Así le explicaba a quienes me preguntaban qué tan cerca estaba de la tarima. Canté, bailé, grité; sorpresivamente, no lloré. Pensé que me pasaría como a las fanáticas lloronas de Menudo que se desmayaban en los conciertos, pero yo tenía mucho que disfrutar para andar soltando lágrimas.

 Al salir, cuando nos encontramos nuevamente los diez del tour, me dijeron que aparecí varias veces en la pantalla gigante del escenario. Es que me imagino que mi euforia no tenía comparación y el camarógrafo quería que todos se contagiaran de mi alegría extrema… La risa no se me borraba.  Fue mi noche.

Aunque no lo vi con el resto de los gunners, Slash tocó muchas canciones clásicas de Guns N’ Roses en una noche inolvidable que, además, ¡tuvo segunda parte!… 

Finalizo este cuento agradeciendo el apoyo de mi suegra que, por cuestiones logísticas, terminó alojándonos en su casa a la mayoría del grupo que me acompañó y, por supuesto, a mi esposo y mis papás que cuidaron de mi pequeñín mientras yo vivía uno de los momentos más esperados de mi vida.

PD: A los diez años fui a un concierto de mis Menudos y, a los 18, fui a El Reencuentro (en este último también en primera fila)

2 comentarios:

  1. Que emoción poder cumplir el sueño de muchos años!! Tqm hermanita. 😚

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  2. ¡¡Me imagino tu euforia!!! Y de verdad, la foto confirma que solo estaba el de seguridad y luego la tarima. ¡Que éxito! jejejeje

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