Resulta que Slash anunció un nuevo
concierto en Caracas. El 21 de noviembre de 2012 fue el día escogido. Un año y
piquito después de su primera presentación, sin GN’R, en el país. Obviamente, y
como buena fanática número uno, yo quería ir. Pero no había muchas
posibilidades. Caía atravesado entre semana, yo tenía trabajo y no nos sobraba
así mucho dinero como para darme ese gustazo otra vez… Pero yo quería ir.
Cada vez la fecha se acercaba más y mi
resignación era mayor. “Ya está Daya, no se puede. Ya lo viste, ya fuiste. YA”.
Mi voz interior (bien necia ella) me regañaba cada vez que mi mente se empeñaba
en manifestar las ganas de ir al nuevo concierto. El organizador del tour tampoco
me daba muchas esperanzas porque muy pocos se habían anotado para el viaje.
Pero la vida sí que da sorpresas. La mañana
del 20 de noviembre, mientras estaba en mi jornada laboral, revisé mi timeline
en Twitter y un anuncio me llamó la atención: “Esta tarde a las 4.00 pm en
punto sortearemos dos entradas para el concierto de Slash. Pendientes.”
Caracoles… A esa hora más o menos llegaba yo a mi casa así que podía, por qué
no, tocarle las puertas a la suerte… ¿y si ganaba?... no iba a perder nada, al
contrario, podía ganar dos entradas…
Llegué poco antes de las 4.00 pm a la casa,
agarré mi teléfono y estuve pendiente del concurso. En un primer tweet,
explicaron que serían cuatro preguntas y el primero en responder ganaba.
Sencillito. Minutos después, atención, empezaron las preguntas. Respondí la
primera, la segunda, la tercera y la cuarta. Todas sin titubear. De pronto, el
puntico rojo me avisaba una “mention” en la red social: “La ganadora es @dayabi”.
Gané ¡GANÉ!... Me había ganado las dos entradas y mi reacción inmediata fue
retuitear la notificación y escribir “Gané”. Creo que le puse una carita feliz.
No grité ni nada, es más, yo sabía que iba a ganar. ¿Y ahora? El concierto era
al día siguiente.
Llamé a mi esposo y creo que se emocionó
más que yo. “¿Cómo hacemos?”. “Ni idea”. Lo más sensato y costoso era irme en
avión. Total, las entradas me salieron gratis. El pequeño detalle era conseguir
acompañante y el boleto. Descarté a unos cuantos que no podían ir. Me volví a
resignar. Pero nadie me quitaba la alegría y el orgullo de haber ganado. Como a las 6.00 pm, conversando con el
organizador del tour me aseguró que él podía conseguir los pasajes, solo de ida,
para Caracas en avión (santos contactos, Batman) y yo le ofrecí a cambio una de
mis dos súper entradas. Trato hecho. Nos fuimos, de madrugada, de primeritos en
el aeropuerto. ¡Mi primera vez en avión! ¡Y para ir a un concierto de Slash!
Pasado
el susto del despegue y aterrizaje, el viaje me pareció como ir en autobús.
Ahora venía otro susto: ¿y si no me daban las entradas? No. Era una empresa
seria. Calma.
Almorzamos y me fui a reclamar mi premio.
Me estaban esperando. Me hicieron una mini entrevista (porque todo fue
patrocinado por El Nacional). Yo pensé “ah, seguro es para nombrarme en la
reseña del otro día”.
Todo salió perfecto. El concierto
espectacular. Esta vez sí tuve como tres cuerpos delante de mí, pero igual
estaba cerquita. Inolvidable. Pero me faltaba otro sustico más:
Al día siguiente, antes de irnos al
terminal de pasajeros para regresar al terruño, fuimos a comprar el periódico
para ver la reseña del concierto y ahí estaba yo ¡en la portada! Con mi amigo y
mis entradas, la gran ganadora y la gran fugada del trabajo. “¡ME VAN A BOTAR!”
fue lo único que pude decir y no me quedó más remedio que llamar a mi jefa y
confesarle dónde estaba (el concierto fue un miércoles y yo di cualquier excusa
para no ir a la oficina). En serio, me dio miedito, pero mi jefa no me delató.
Al final, no me botaron y regresé feliz a
echarle el cuento a todo el mundo. Tremenda travesía. Incluso algunos cómplices
en la oficina me avisaron que escondieron el periódico para que los “jefes mayores”
no se enteraran. Todo por Slash y mi empeño en verlo por segunda vez. Pero
valió la pena y la moraleja de todo esto es que la vida siempre da volteretas,
giros inesperados de los acontecimientos, así que todo llega cuando uno ni se
lo espera.
| Diario El Nacional, edición del 22-11-12 |
| 21-11-12 |
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